Minutas de un día que no debería ser recordado.

Me preguntaron cómo vivía, me preguntaron. Sobreviviendo dije, sobreviviendo Sobreviviendo, me resonó nuevamente en el dia de hoy. Como es que podamos sobrevivir si estamos vivos, viviendo. Como podrá ser que nos encontremos conversando sobre la vida, como la vivimos, si la vivimos, y demases vicisitudes que nos plantea la cotidiana existencia. Miles de años de filosofía nos llevan a conclusiones maravillosas, practicas renovadoras, acciones que nos centran en el aquí y ahora, el mindfullnes, conciencia plena, yoga, meditación, respiración consciente, y podría llegar a escribir una lista interminable. Aun así la simplicidad de una acto de la cotidianidad nos refiere a la finitud de la existencia, de nuestra finitud. Y si, me paso en el dia de hoy, como me paso ya en varios momentos de mi vida que me encontré sentado con los ojos llenos de lagrimas, el corazón estrujado, el no entendimiento, el voleo mental, las balas que pican cerca, diría mi viejo, que ya no me acompaña y que en cierto momento de mi adolescencia tardía me dejo en ese lugar cuando se fue, quien sabe a donde. Si de esos momentos y lugares que nos llevan a conversar sobre la palabra vacía y frases trilladas de construcciones culturales; “un día estas y al otro no”; “hay que disfrutar porque no sabemos cuanto estamos acá”; “que lo parió tan joven/ tan bien que estaba/tantos proyectos” etc, pero hoy nuevamente esas balas picaron cerca, cuando a un ser querido lo tuve que ayudar a levantarse de la cama para ir al hospital, a no entender, a replantearme la vida, a filosofar con esas personas que entienden de filosofía de vida y te hecha un cacho de luz en los momentos de oscuridad, quienes te hacen las preguntas que distraídamente no te quieres hacer, o te haces el boludo. A encontrarte nuevamente con la finitud de la existencia, Mi finitud. En ese decir, este decir, de estas míseras y viscerales palabras, letras, reencontrarme con el replanteo de los errores, de los momentos que no se dieron, de los miedos, de los besos que no se dieron, que no se robaron, que no se intentaron, que no fueron, todo lo que no fue, ese ser que crece desde la carencia de las acciones necesarias para Ser, desde esa acción de ser. Pasan los momentos que no hable con mi viejo, los momentos que no disfruto a mi vieja, los momentos que no hablo con mis hermanos, sobrinos, los momentos que lo importante es lo insignificante, esos momentos donde lo imprescindible de la vida sucumbe a la imbecilidad de lo que toma cierto carácter de importante, mentiroso, sin sentido, esos momentos que no beso a mi hija, porque estoy haciendo otra cosa ”importante”, ¿podes creerlo? El ser mas importante de mi vida espera a que mande un mensaje, lea un estado, una noticia, un carajo que saca, resta, importancia lo único que le da sentido a mi vida. Escribo estas líneas como un recordatorio para esos momentos en que las balas piquen cerca, o de lleno me la pongan en el pecho y ahí será diferente porque estará en primera persona y quizás, solo quizás, pueda en primera persona hacerme cargo. No hablo desde la bronca con las situaciones, el hecho o lo que suceda, lo hago desde la noción de perdida desde ese registro de que quizás dentro de una par de días, la vida me lleva nuevamente a la transparencia de que lo importante ya no o es en base a lo superfluo. Pensando, deseando, soñado nuevas realidades donde pueda ser el protagonista de esas cosas que “tanto” necesito, o creo que necesito, para ser feliz, siendo que lo único que alegra un día es la mirada, la sonrisa, la caricia, el mimo del alma son esos seres especiales que no piden mas que ser vistos y compartir alguna cosas de la vida, como la vida. Uf... para colmo suena en mi equipo de música, y no creo que adrede, “la dicha no es una cosa alegre” , se deslizan frases como “soñas la hoguera donde siempre sos la leña”; “cuanto tiempo mas vas a estar así, esclavizado”; “estas hundido a fondo mientras la vida se va, mientras la vida pasa, sin darte cuenta y estas con tu cara de colgado” siempre un tema que me llega en los momentos de replanteos existenciales, que no son muy profundos, no son pocos, pero me acostumbro bastante fácil. Vuelvo casi al principio de estas palabras, sobreviviendo, para sobrevivir hay algo que no nos deja vivir en plenitud, que puede ser tan importante para no vivir en plenitud, quizás una enfermedad, pero aun así estamos vivos, que nos puede dejar de hacer entender esta vida, que es lo único que tenemos, siendo efímera, ¿de que hablamos? ¿de que me hablo?, que me convencer, de las dificultades de la vida, la existencia, las perspectivas, zarazas. La única perpectiva valida es la de cada uno, lo único cierto es que estamos vivos, hasta que no lo estamos, que lo que no vivimos, no lo vivimos. Somos, soy, seres que creemos en que esto frágil es para siempre, que no nos puede pasar, hasta que nos pasa y ahi, me quedo, nos quedamos contando los momentos que no fueron, y que quizás... ese maldito quizás, pero, miedo, que nos congela en la más fría de las cárceles que es el vivir mirando hacia otro lado. Los mates que no tome con mi vieja ni se recuperan, las caricias y juegos con mi hija no se recuperan, los te quiero/ amo/ extraño/necesito no se suman, no están, no fueron y nosotros seguimos sobreviviendo. Siento, muy adentro el dolor de saber que esto que escribo, no representa mucho mas que palabras que salen de este ser humano, que dentro de poco entrará en transparencia, que se calentara y puteara por guevadas, que se creerá que estudiando/perfeccionándose/formándose , teniendo dos, tres, cuatro trabajos, siendo comprometido y dejando alma y vida en su trabajo algo cambiara en un futuro que no tiene escrito ni cierto para poder disfrutar lo que ahora sin nada de eso esta al extender la mano. Ahí tan cerquita y sin necesidad mas que observarlo, disfrutarlo. No es que diga qué hay que tirar todo por la ventana y que se vaya todo a la verno, no!, va creo que no. Siento que la superficialidad de la vida, la inmediatez de la comunicación nos deja en un momento de impersonalidad, donde nos desconocemos en pos de ser. Que iluso, sobreviviendo. Lo digo y hasta me da bronca, porque me encuentro filosofando (como forma de nombrar esto) desde el dolor de la vida que se va y casi como un acto de mantener, alargar ese momento de conciencia sobre lo efímero de mi vida. Quizás, solo quizás, esta vez me encuentre ya entrado los cuarenta y pueda darme cuenta y hacerme cargo, hacer para que no me encuentre en el próximo momento que venga de crisis existencial, viviendo, no se si plenamente, pero si viviendo y dejando de sobrevivir. Siendo consciente del brillo de los ojos de mi hija cuando me reflejo en ellos, cuando la observo, escucho, cuando soy el presente, cuando soy la leña en la hoguera.

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